miércoles 5 de noviembre de 2008

Grupo de Civilies Amigos de las Cucarachas (TRES)

Me acerqué a uno de ellos, un muchacho joven de tez clara y buena apariencia, con una barba apenas crecida como al descuido, que apenas le sombreaba la cara, y una cabellera amarillo rojiza, no pelirroja, pero muy próxima. Le hice una sola pregunta; alcanzó para que no parara de hablar:

- Disculpe ¿Usted es uno de los artistas?

- Mucho gusto, mi nombre es Camilo; Camilo Albarenga Etchegorry. Sí, soy uno de ellos. Como verá es una colección exquisita no lo digo por mis obras por supuesto -rió como idiota- espero que todas irradien el esplendor de la especie la majestuosidad de esta raza superior de insectos toda la belleza de sus cuerpos sus ojos sus patas sus antenas toda su belleza...- Me miraba con los ojos salidos hacia afuera y una sonrisa apenas insinuada. Dí media vuelta y salí a tomar aire. Luego volví a entrar.

Conversé con una dama, una señorita, también de la Asociación. Decidí cortejarla, para no perder el tiempo después, de todos modos iba a hacerlo, tarde o temprano. Decidimos salir apenas el sol estaba entrando. Esta imagen, ya que nos dirigimos hacia el oeste varias cuadras, me sirvió de pretexto para profundizar en el romanticismo superfluo que venía practicando toda la tarde, y que a esta altura era ya una gimnasia. La noche podría haber terminado tarde y horizontal, pero decidí que no sería la última, por lo que no pasó de la cena. Igual había hablado bastante sobre lo único que me interesaba en ese momento –juro que era lo único- al extremo de haber estado varias veces a punto de decirle cucaracha, en lugar de su nombre. Si bien no había logrado obtener datos sobre lo que luego resultó medular, supe que era bióloga y que trabajaba en el Centro de Investigaciones de la Asociación, en el cual se estudiaba al insecto desde varias disciplinas; además me confesó que la mayor parte de los estudios que se hacían en los laboratorios del Centro no eran publicados, que tenían alto valor para la organización y que eran secretos, ella realizaba gran parte de los mismos. Todo esto me lo decía con la carita un poco acostada sobre un hombro y la voz melosa, como si la lengua le pesara. No entendía con qué objeto me contaba algo tan supuestamente confidencial, sin contarme nada a la vez. Le pregunté, a qué tipo de estudios se refería, que me dé un ejemplo; murmuró un par de veces sin decirme nada. O sea, me decía que había algo que era secreto, pero no me decía cuál era el secreto. Pensé que me podría estar mintiendo, y que lo haría para impresionarme (poco me impresionaba a mi una mujer manoseando cucarachas). También pensé que si verdaderamente existían tales investigaciones secretas, con qué criterio lo aventaría a cualquier extraño (por más buen mozo que sea). La hipótesis de la mentira se hacía más contundente, por lo que decidí tomarlo con pinzas.

A su vez me habló de unos amigos suyos, también del Grupo, Facundo e Ignacio, me contó anécdotas absurdas que poco me importaban y me dijo que eran ajedrecistas. No sé por qué pero me detuve en eso, ella me dijo que iban siempre a un Club a jugar, que eran muy buenos. Eso fue lo más jugoso de la conversación sobre Facundo, Ignacio y el ajedrez, la cual duró más de una hora, el resto fue más aburrido que el ajedrez mismo. Yo le dije que “amaba” ese juego y que desde que me había mudado a la ciudad no había vuelto a jugarlo, por lo que me interesaba el dato. Se lo agradecí. Siempre este tipo de gente juega al ajedrez, nunca bien, pero juegan, o simulan jugar. Entiendo que es por el estatus que otorga.

domingo 19 de octubre de 2008

Grupo de Civilies Amigos de las Cucarachas (DOS)

Mi indagación comenzó una tarde, como es de esperar para este tipo de organizaciones: una tarde soleada. Entiendo que eligen estos días, para dejar en la comunidad la imagen diáfana e impoluta que suelen tener los grupos parroquiales y los boyscout, clanes también tributarios de este recurso de claro corte conductista. Esa tarde concurrí a una exposición en la cual un grupo de artistas “amigos de la cucarachas” presentaba obras alegóricas al animal. Había escuchado la propaganda por televisión.
De más está decir lo desagradable de la muestra; barroca, oscura, tenebrosa. Llamativamente, en todas las pinturas se podían observar cucarachas adultas, ancianas y niñas, heridas, muertas o convalecientes. Consideré muy extraño que el grupo que se dedicaba a realzar las virtudes de las cucarachas, decida hacerlo mostrándolas sufrientes. Entonces pensé en las alegorías crísticas, y casi todas me mostraron a Jesús muriendo, ensangrentado o crucificado. Comprendo que la muerte de Cristo es un acontecimiento relativamente importante, por la forma tan atroz en la que fue dada y por las implicancias políticas y religiosas entorno al hecho; sin embargo entiendo que la creatividad humana, o cristiana mejor, podría haber recurrido a la resurrección, acontecimiento no solo más grato sino también más trascendente aun que la muerte, mucho más trascendente. Entonces pensé que la necesidad era elevar a la altura de mártir, tanto a Cristo como a las cucarachas y así darle relevancia a la obra de ambos. Me dije: ¿Qué obra? Luego en mi mente agregué que las cucarachas no resucitan, a diferencia de Cristo, (aunque eso explicaría su sempiterna existencia) y que el anhelo de todos los humanos es matarlas, por lo que mostrarlas sufrientes les confería al menos el estatus de víctimas, en este mundo hostil e intolerante gobernado por los crueles seres humanos. Con esto reduje mi inquietud por esa constante fatal de los cuadros y avancé en mi indagación...

lunes 15 de septiembre de 2008

La llamé...

Estaba harto. Hacía años que no podía sacarmela de encima. Desde que cortamos en elll... bueno hace como cuatro años; desde ahí no pude sacarmela de la cabeza. Sueño todas las noches y todas las siestas con ella. Se me viene a la cabeza cuando voy en el bondi, cuando camino mucho, cuando me siento a esperar algo, cuando veo a alguien desconocido, cuando veo a un amigo de aquella época, cuando recibo una llamada de algún amigo de aquella época que obviamente no atiendo, cuando me llama mi mamá, cuando me acuerdo de mi abuela...
Nunca fui a un psicólogo. Debí haberlo hecho. Nunca tampoco le conté nada sobre cómo la extrañaba mi inconsciente. Por que ojo: solo era mi inconsciente, que me llevaba a ella permanentemente sin quererlo; odio a mi inconsciente, pero qué hacer. Sí ya sé, ir a un psicólogo hubiera ayudado, hablar con ella quizá también. No sé qué fue lo peor o qué hubiera sido mejor, si lo primero o lo segundo. Igual a esta altura no iba a ir al psicólogo.
Pero esa noche no aguanté más. No iba a ir al psicólogo, pero no me podía guardar más todo lo que tenía adentro. No podía seguir ocultando que cada noche y que cada siesta soñaba con ella. La llamé:

- Hola.
- Hola, sí...
- Quién habla?
- Soy yo. No me conocés!?
- Ey! Qué hacés, tanto tiempo? Qué alegría! Cómo te va?
- Sí. Bien. Te tengo que contar algo.
- Sí? Bueno, contame.
- Anoche.... anoche soñé con vos.
- Si?
- Sí. Era en un congreso, o algo así... había mucha gente, estaba lleno... y vos... y vos, no sé qué pasó... vos no estabas...

domingo 14 de septiembre de 2008

Del compadre (DOS) – El E4

Se levantó tempranito. El sol todavía ni asomaba -en realidad siempre asoma- solía decir despacito. Fue al baño y se echó un poco de agua en la cara. Se miró al espejo oxidado y puso la cara de refilón, como adelantando la pera. Resopló el fétido aliento de la mañana contra el espejo. Se empañó. Puso la pava despacito, para no desperdiciar gas, las garrafas estaban caras. Puso la radio, giró el dial, escuchó voces conocidas, algunas cómplices de épocas oscuras, movía la cabeza y sonreía en esos casos, hasta que llegó a la de siempre. El muchacho siempre se la cambiaba, - los pendejos no saben nada de quiénes son los que hablan y qué hacen ahí, no saben que son tipos que tienen historia, que te venden lo que sea- el compadre se indignaba por la falta de consciencia de los jóvenes en esto que él llamaba “la alienación de los medios masivos”, -te secan la cabeza si quieren, o te la mojan... te paralizan o te movilizar según les convenga... hay que darse cuenta de esas cosas pibe!- El muchacho movía siempre la cabeza como pidiendo perdón. -Hay tanto que aprender- pensaba el muchacho. Igual después no le llevaba el apunte.

El muchacho estaba trabajando en la misma sección que el compadre, ya hacía año y medio que lo habían incorporado. El compadre era el superior de esa sección, abajo del capataz. Él nunca había querido ser capataz. De hecho, no creía en las jerarquías obreras -son estrategias de los patrones para separarnos- decía el compadre. Había llegado hasta donde estaba, por su antigüedad y su conocimiento del puesto, aceptó ascender siempre en su carrera; pero ser capataz era distinto – el capataz es un cargo político, o sea que implica una decisión política; el que te dice que no es político y que es capataz por el sueldo y por su familia, es un ingenuo o un traidor... es así, si sos capataz sos enemigo de tus compañeros, y no tenés excusas! El compadre se había encariñado con el pibe, siempre le decía que al principio le había parecido un poco tonto, por eso lo trató de acompañar; después se dio cuenta de que tenía aptitudes y que era un poco tímido no más, por lo que lo adoptó, casi como un hijo (quizá el que nunca pudo tener).

Vigiló el agua para que no se le pase, hasta que cebó el primer mate sobre los últimos palos de yerba que le estaban quedando. Apagó el fuego. Le echó una cucharadita de azúcar al mate y se fue con la pava a sentar en la ventana. Agarró un librito chiquito y viejo, y lo empezó a hojear despacito con la poca luz que iba entrando de afuera.

Las primera llamas se lanzaban desde el este, y los álamos al oeste empezaban ha desperezarse. Los gallos disfónicos de las periferias urbanas todavía esperanzan sobre una vida más armónica y humana, -abren los senderos de las utopías- pensaba el compadre y se arrima a la mesa para anotarlo. Se toma el último mate, corre las cortinas, agarra el bolsito, y sale para tomar el E4.

martes 9 de septiembre de 2008

Del Compadre - UNO

El compadre era un tipo sencillo. Nacido y criado en una familia de trabajadores. Hijo de padre anarquista español y madre comunista italiana, ambos llegados en barcos a fines de la decimonónica década del 90, escapando de la miseria de aquella Europa industrial. Se conocieron a los pocos días de desembarcar en una perdida esquina de la ciudad, él vagando en busca de trabajo con sus 19 años, y ella con sus 15 junto a sus hermanos, ayudando a su madre en el lavado de las ropas, que en aquellas épocas se hacía aún a orillas del Río Suquía. Con esas tempranas edades ya tenían perfectamente definidas sus posturas políticas; estas nunca fueron una rémora en la construcción del proyecto familiar, todo lo contrario, habían logrado complementarse ideológicamente de manera excepcional. -La verdad que uno no entiende cuando ve las peleas entre anarquistas y comunistas, eso es no tener ganas de ponerse de acuerdo! - decía repetidamente el compadre a la luz de su experiencia familiar. Años después, revolviendo cajones viejos, el compadre halló textos firmados por ambos, en los cuales desarrollan toda una teoría política revolucionaria, amalgamando a la perfección y sin contradicciones los principios de ambas doctrinas.

Cuando el compadre nació, en el año 1915, su padre era peón en la industria ferroviaria argentina, incansable referente de las luchas obreras y blanco permanente de las persecuciones patronales. Era también poeta, su poesía por lo general era de contenido político, que tanto en la década del 30 como las sucesivas dictaduras fueron prohibidas absolutamente. Solían difundirse en boletines de escasas páginas, tamaño de bolsillo y con un papel de pésima calidad, para hacerlo accesible al salario de los trabajadores. Formó parte de un grupo de artistas muy activos durante los 30, que apoyaban con diversas actividades, a la República Española; movimiento muy perseguido, no solo por las autoridades, sino también por sectores de la alta sociedad cordobesa, que se habían alineado al fascismo español durante la guerra civil. Esa militancia le costó dos atentados, el último de los cuales le generó una ceguera en su ojo derecho. -¡Decí que fue el derecho!- solía decir el compadre entre risas, al recordar aquellas épocas. El compadre siempre fue un agradecido de su padre por transmitirle todos los valores que a él lo habían guiado, pero sobre todo uno: - Sobretodo la dignidad, sabe? hay millones de valores que te puede transmitir una persona, pero el apego celoso a la dignidad humana no tiene precio, sabe?...

...en el peor de los momentos

de más hambre

de más frío

de más miedo;

la dignidad sola

te alimenta

te abriga

y te protege...

...esa era una poesía de mi viejo, sabe?- recordaba siempre el compadre entre lágrimas...


La madre, que había nacido en la zona sur y agraria de Italia, de familia campesina y comunista, que tuvo que escaparse de Europa más por la persecución que por el hambre, deambuló en muchos empleos, recibiendo solo bajos salarios y desprecio por su condición de mujer. Esto la llevó a formar parte de ligas obreras feministas, que eran no muy bien vistas por los obreros varones, y que por esa presión no lograban sostenerse mucho en el tiempo. Hasta los últimos días de su vida, la madre del compadre luchó contra “la explotación de genero” -como le decía ella- y fue un ejemplo de militancia para las generaciones de la segunda mitad del siglo XX. Ese respeto por la mujer, y por abolir el rol que el sistema les asignaba, era algo que el compadre militaba a rajatablas y permanentemente; lo cual le llevó a agarrarse a trompadas varias veces con amigos y cuñados. El compadre era el menor de tres, sus dos hermanas estaban casadas y eran “amas de casa”, esto lo volvía loco al compadre, por lo que no se veían mucho.

lunes 8 de septiembre de 2008

Grupo de Civilies Amigos de las Cucarachas (UNO)

Se habían autodenominado "Grupo de Civiles Amigos de las Cucarachas"; sí, habían puesto "Cucarachas" con Mayúscula, ¿da una sensación de cucarachismo extremo, no? Así lo pensé en un primer momento. Se habían alineado estratégicamente en torno a las ONGs ecologistas y ambientalistas del país, junto a las particularmente protectoras de animales, elevando sin dudas así, el status del arcaico insecto. Contra todo pronóstico, la organización tomó prestigio, y fue muy considerada por estos sectores, que mal que mal, ejecutan meritoriamente su militancia.
El Grupo acusaba el magro objetivo de proteger a las cucarachas del mundo, pero en especial a las nacionales (ya que este tipo de organización -pensaba- nunca puede escapar de la fascinación que emana el nacionalismo, sus falsas causas y sus reales consecuencias); y a la vez refundar el prestigio de la especie, a través del estudio minucioso de sus comportamientos, y en general: de su cultura (como su un insecto pudiera cultivar algo).
Si bien todas sus actividades eran ampliamente difundidas (desde celebrar el Día de la Cucaracha e izar la bandera del cucarachismo; hasta publicar boletines esporádicos con los últimos descubrimientos sobe la vida de las distintas comunidades de cucarachas del interior del país), había una que era secreta, lo cual es sorpresivo, ya que con qué objeto habrían de mantener fuera del alcance del público una actividad -pensaba-, a simple vista tan noble, y para una organización tan incipiente y con tanta necesidad de reconocimiento (no olvidemos que se trata de cucarachas). La actividad en cuestión era la de ejecutar con frecuencia, entiendo que sistemática, campañas de "reparto de alientos a comunidades estratégicas". Pongo la frase entrecomillada por que exactamente así me fue dada por un informante cuyo nombre, por razones obvias, no daré a conocer.
Dije que a simple vista, me parecía una tarea noble, al menos para los amantes del insecto, por lo que comencé a indagar las razones que habrían llevado al Grupo a tomar la decisión de hacerla secreta.

jueves 28 de agosto de 2008

Quizá no sirva ni pa' bosta...

Quizá este espacio no sirva para nada. Estuve viendo de qué manera hacerlo. Pensé en hacerlo formal, con contenido personal, pero de “cosas serias”, así lo hice: me pareció soberbio, un poco pedante y bastante pelotudo. Pensé en hacerlo bien gracioso: me acordé que ya tengo uno y es una bosta. También pensé en hacer un blog tipo literario: me acordé que tengo una revista web de poesía y ya me aburrió. Así que decidí hacerlo personal, con reflexiones sobre diversos temas cotidianos, lo cual alimentado con los comentarios de lectores, no sería tan soberbio (de todos modos el pelotudo dejó su curriculum al final, por si las moscas vio); a su vez con contenido literario cada tanto y sin toda la sistematización que implica una revista; pero... sin mezquinarle a esas palabras que me identifican, pero que la sociedad no me deja usar; como cuando digo: “eso es una verga” refiriéndome a que es feo, de mala calidad, horrible, etc... bueno se entiende? Cualquier duda me avisan si?

Se vemo...